
Los Emperadores Romanos Intentaron Destruir la Biblia.
Durante los tres primeros siglos de nuestra era, ciertos emperadores romanos intentaron erradicar el cristianismo tratando de destruir la Biblia. El 23 de febrero de 303 d.C., el emperador Diocleciano decretó que todo ejemplar de la Biblia había de ser entregado a la policía romana para ser quemado, así miles de valiosos manuscritos bíblicos fueron destruidos en plazas públicas e incluso algunos cristianos perdieron la vida por negarse a entregar sus Biblias. El decreto imperial se proponía eliminar la presencia de la religión cristiana, tratando de suprimir su luz guiadora y su autoridad como norma de vida. Destacados filósofos y funcionarios del gobierno romano aseguraban que el cristianismo era el mayor responsable de las crisis socio-económicas que asediaban el imperio en aquel tiempo.
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La Biblia Desterrada en Países Musulmanes
Con el surgimiento del Islam en el siglo VII, la Biblia fue sistemáticamente desterrada en países estrictamente musulmanes. Incluso hasta el día de hoy la distribución de Biblias está estrictamente prohibida en los países musulmanes. Incontables cristianos perdieron la vida por intentar distribuir la Biblia o compartir sus enseñanzas con musulmanes receptivos.
El éxito de los despiadados gobernantes musulmanes en erradicar la Biblia y el cristianismo es evidente en los países que conquistaron. Por ejemplo, antes de la conquista musulmana del siglo VII en el norte de África, los países de Libia, Túnez, Marruecos y Argelia eran florecientes naciones cristianas que produjeron dirigentes religiosos como Agustín y Tertuliano. Actualmente, los cristianos y las Biblias prácticamente no existen en estos países.
La circulación de la Biblia también ha sufrido dentro del cristianismo en manos de la Iglesia Católica y de varios líderes eclesiásticos ingleses. Más recientemente, los régimen comunistas también han intentado impedir la circulación de la Biblia y desacreditar sus enseñanzas. Cada uno de los poderes arriba mencionados ha atacado a la Biblia de diferentes modos al impedir que circule entre el pueblo común y corriente.
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Intentos Católicos para impedir la lectura de la Biblia
Históricamente, la Iglesia Católica se ha opuesto a la traducción de la Biblia a los idiomas comunes del pueblo y a su circulación entre la gente común. El derecho a leer y a enseñar la Biblia estaba reservado unicamente para el clero.
El Sínodo de Toulouse en 1229 d.C., presidido por un legado papal, celebró el cierre de las cruzadas albigenses al perfeccionar el código de la Inquisición y prohibir que los cristianos regulares poseyeran ejemplares de la Biblia. El canon 14 dice: “Prohibimos que se les permita a los laicos tener los libros del Antiguo y del Nuevo Testamentos; a no ser que alguien por motivos de devoción desee tener el Salterio [Salmos] o el Breviario para los oficios divinos o las horas de la bendita Virgen; pero prohibimos estrictamente que tengan alguna traducción de estos libros.”
Un decreto similar fue promulgado en el Concilio de Tarragona en 1234 d.C. El segundo canon dictamina que: “Nadie puede poseer los libros del Antiguo y Nuevo Testamentos en idioma romance, y si alguien los poseyera debe entregarlos al obispo local dentro de los ocho días después de la promulgación de este decreto, para ser quemados”.
En su cuarta sesión, el Concilio de Trento el 8 de abril de 1546, reiteró la inconfundible oposición católica a la distribución de las Escrituras por parte de las Sociedades Bíblicas, porque “Es manifiesto, por experiencia, que si la Santa Biblia, traducida a la lengua vulgar [el idioma común], se le permite indiscriminadamente a todos, la temeridad de los hombres hará que surja más mal que bien de ella”.
En sus dos encíclicas Qui Pluribus y Nostis et Nobiscum, promulgadas el 9 de noviembre de 1846 y el 8 de diciembre de 1848, respectivamente, el Papa Pío IX les previno a los arzobispos y obispos italianos contra las Sociedades Bíblicas, diciendo: “Bajo la protección de las Sociedades Bíblicas que han sido condenadas hace mucho tiempo por esta Santa Sede, distribuyen a los fieles bajo el pretexto de religión, la Santa Biblia en traducciones vernáculas. Puesto que estas infringen las reglas de la Iglesia, por consiguiente están subvertidas y muy osadamente tergiversadas para rendir un significado vil. De modo que ustedes se dan cuenta muy bien qué esfuerzos vigilantes y cuidadosos deben hacer para inspirar en sus fieles un horror absoluto a leer estos libros perniciosos. Recuérdenles explícitamente en relación con la escritura divina que ningún hombre, que confía en su propia sabiduría, es capaz de reclamar el privilegio de tergiversar precipitadamente las escrituras a su propio significado en oposición al significado que sostiene y ha sostenido la santa madre Iglesia”.
Al llamar “libros perniciosos” a las Biblias distribuidas por las Sociedades Bíblicas, y a que sean tratadas por fieles católicos con “horror absoluto”, Pío IX claramente expresa la histórica condenación católica de la lectura de la Biblia por parte de los laicos. La razón es que la lectura de la Biblia ha llevado a innumerables católicos a descubrir que sus creencias fundamentales se basan en tradiciones eclesiásticas en vez de en la autoridad bíblica.
Los Valdenses Perseguidos por Distribuir la Biblia
Por siglos, los Valdenses (especie de bautistas independientes) enfrentaron persecuciones físicas, civiles y económicas por obra de la Casa Católica de Saboya, por traducir y distribuir porciones de la Biblia. La masacre más cruel de los valdenses tuvo lugar en los valles italianos piamonteses en 1655 por parte del ejército de Carlos Emanuel II, el duque católico de Saboya. Todo el mundo protestante quedó horrorizado por esta brutal masacre de miles de valdenses. Oliver Cromwell (1599-1658), Regente Real Feudal de Inglaterra, protestó vigorosamente y John Milton, su secretario de exterior y poeta, dedicó esta famosa estrofa de su famoso soneto XVIII “De la última matanza del Piamonte” a los miles de valdenses masacrados: “Venga, oh Señor, a tus santos masacrados, cuyos huesos En las frías montañas alpinas yacen esparcidos, Hasta ellos que tu verdad de antaño tan pura conservaban Cuando todos nuestros padres, ganados y piedras adoraban”.
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Los Clérigos Ingleses Intentaron Impedir la Circulación de la Biblia
La Biblia de Wiclef, sorprendentemente, incluso los líderes eclesiásticos ingleses han intentado impedir la traducción y la circulación de la Biblia. La primera Biblia inglesa escrita a mano, conocida como la Biblia de Wiclef, fue enérgicamente impugnada por los clérigos ingleses y el mismo Papa. La traducción fue producida en la década de 1380 por Juan Wiclef, un profesor y teólogo de Oxford, con la ayuda de sus colegas. Finalmente, la traducción fue revisada por Juan Purvey, el contemporáneo más joven de Wiclef, en 1388.
La traducción se basó en la Vulgata Latina, puesto que él y sus colegas no conocían hebreo ni griego. Dado que la Biblia de Wiclef antecedió a la imprenta, las Biblias copiadas a mano circularon ampliamente y fueron leídas con avidez. Estas Biblias manuscritas le causaron un conflicto a Wiclef con los oficiales eclesiásticos de Oxford, donde vivió y enseñó gran parte de su vida.
Wiclef creía que la Biblia debía ser la posesión común de todos los cristianos y que debía estar disponible para el uso común en el idioma del pueblo. Luchó por su objetivo con vigor y determinación, contra una enorme oposición.
Varias veces, Wiclef fue llevado a juicio en los tribunales eclesiásticos, pero sus amigos influyentes lo protegieron. Falleció de muerte natural en 1384, a la edad de 55 años, y fue enterrado en su iglesia de Lutterworth, donde una tablilla conmemorativa en la pared dice que su Biblia “atrajo sobre él el odio implacable de todos los que traficaban con la credulidad y la ignorancia populares”.
Veinticuatro años después de la muerte de Wiclef, se reunió un sínodo eclesiástico en Oxford en 1408 para proscribir formalmente la lectura de su Biblia, especialmente en las traducciones inglesas. La gente era amenazada con la excomunión por leer la Biblia. Inglaterra tuvo una Biblia en su idioma antes que la mayoría de otras naciones, pero se prohibió su lectura.
A pesar de los severos castigos, muchos continuaron leyendo la Biblia de Wiclef en secreto. El Papa estaba tan enfurecido por la oposición de Wiclef a la iglesia organizada y por su traducción de la Biblia al inglés, que 44 años después de su muerte, en el Concilio de Constanza en 1415, ¡ordenó que los huesos de Wiclef fuesen desenterrados, quemados, aplastados y esparcidos por el río!
John wiclef la estrella de la mañana
El Nuevo Testamento de Tyndale
Otro ejemplo notable de intentos por parte de líderes eclesiásticos ingleses de impedir la circulación de la Biblia es la traducción inglesa de William Tyndale del Nuevo Testamento, basada en textos griegos. Él era un brillante erudito bíblico educado en Oxford y en Cambridge. La ignorancia del clero y del pueblo común con respecto a la Biblia lo consternaba enormemente. Estaba decidido a educar al pueblo inglés acerca de la Palabra de Dios al traducirla a su propio idioma. Pero afrontó una enorme oposición de los poderes secular y religioso de Inglaterra. Por consiguiente, se vio forzado a irse a Alemania a continuar su traducción inglesa del Nuevo Testamento.
En 1526, los primeros 3.000 ejemplares de la octava edición del Nuevo Testamento inglés fueron publicadas en Worms, Alemania. Cuando las copias llegaron a Inglaterra, Cuthbert Tunstall, obispo de Londres, ordenó juntarlas y quemarlas en la Cruz de San Pablo, en Londres. Con el tiempo, el Nuevo Testamento de Tyndale llegó a ser la base para la traducción de la versión King James [Rey Jacobo] de la Biblia.
Tyndale fue atacado implacablemente por atreverse a traducir y publicar la Biblia al inglés, no solo por el obispo Tunstall de Londres, sino también por William Warham, el arzobispo de Canterbury, y por Thomas Moore, el ministro del Parlamento inglés. Estos hombres enviaron agentes secretos para atraparlo mientras se trasladaba desde su base de Amberes.
Tyndale finalmente fue arrestado y encarcelado en el Castillo de Vilvorde, a pocos kilómetros de Bruselas. A comienzos de octubre de 1536 fue estrangulado en el patio del castillo. La eficacia de la oposición a la traducción inglesa del Nuevo Testamento de Tyndale fue tal, que de 18.000 ejemplares ingresados clandestinamente a Inglaterra, solo quedan dos copias conocidas.
Biografía William Tyndale
Ataques Comunistas Contra la Biblia
En los últimos 100 años los gobiernos comunistas como por ejemplo el chino, han intentado desacreditar la Biblia e impedir la circulación en sus países. Han utilizado medidas pedagógicas y legales. Pedagógicamente, se le enseñó a la gente que la Biblia es un libro supersticioso de cuentos de hadas que ha de ser rechazado por las mentes comunistas progresistas. Legalmente, muchos han sido arrestados y encarcelados por intentar pasar Biblias de contrabando a países comunistas.
Los régimen con sus sistemas políticos y religiosos se sienten amenazados por la Biblia porque su mensaje llama a la gente a darle prioridad a Dios en su forma de pensar y de vivir. Cuando la gente acepta al Dios de la revelación bíblica, poniéndolo en primer lugar y dándole la supremacía de su vida, no cederán a las demandas de los gobernantes políticos y religiosos con ansias de poder absoluto que demandan lealtad total a sus personas, enseñanzas o partidos.
Por eso en conclusión debemos aprender que los intentos del pasado de suprimir la Biblia, quemándola o prohibiéndola, han demostrado ser inútiles. Los cristianos hemos estado dispuestos a sufrir la tortura y la muerte antes que negar las verdades que nos hacen ser libres. La Biblia, año tras año, sigue siendo indiscutiblemente el libro más vendido del mundo, incluso aun sigue siendo la mayor fuerza para la renovación moral de nuestra sociedad humana.
Voltaire, el célebre infiel francés que murió en 1778, predijo que en 100 años el cristianismo se extinguiría. ¡En cambio, la ironía de la historia es que veinte años después de su muerte, la Sociedad Bíblica de Ginebra usó su propia casa y sus prensas para publicar ejemplares de la Biblia! Ningún otro libro en la historia ha sido tan odiado, quemado y prohibido. No obstante, sobrevive aún en la actualidad y alcanza a casi todas las personas del mundo con su casi 2000 traducciones y sus principios todavía sirven como el fundamento moral de muchas sociedades.
La Biblia El Libro Indestructible
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